Un antiguo campo de fútbol, décadas de abandono y ahora un nuevo edificio que devuelve la esperanza a los vecinos y, además, transforma parte de un barrio clásico de Zaragoza

Hoy, donde se levanta un nuevo bloque de viviendas, hubo un campo de fútbol que marcó la infancia de generaciones de vecinos del barrio Oliver y de muchos zaragozanos. Situado al final del barrio, como era habitual en muchas zonas de Zaragoza, servía de punto de encuentro para partidos improvisados, tardes de sol y domingos de refrescos, pipas y muchos goles.
Las razones para situarlo en las afueras eran claras: reducir molestias a los vecinos, aprovechar un suelo más barato y facilitar el acceso en coche privado, con aparcamiento fácil. Con el tiempo, estas instalaciones quedaron rodeadas de grandes viales, carreteras y viviendas, un reflejo de cómo Zaragoza ha cambiado rápidamente. Lo mismo ocurrió con los campos de fútbol y otras instalaciones de recreo de La Paz, Torrero, Miralbueno, San José o Las Fuentes.
El campo del Oliver, como comentamos, no fue una excepción. A inicios del siglo XXI se quedó obsoleto, dejando de mirar tanto a los huertos como a las torres de Miralbueno, La Camisera y los lindes de la ciudad. El Ayuntamiento promovió entonces un nuevo espacio deportivo cercano, el que hoy conocemos como CMF La Camisera, dejando un enorme hueco en el antiguo campo, que con los años se fue deteriorando. Mientras las nuevas instalaciones cumplen ya dos décadas, parte del viejo campo permaneció olvidada. Incluso, los vecinos llegaron a proponer convertirlo en una zona deportiva gratuita y abierta al público, pero la idea nunca se materializó.
Abandonado hasta hace poco, el lugar ha empezado a cambiar gracias a la construcción de un nuevo bloque de viviendas, que ha servido de acicate y está transformando el entorno a pasos agigantados.
Se podría decir, así, que esta zona de Zaragoza estuvo marcada por el olvido): calles que conservan ecos de otra época conviven con rincones descuidados y con la sensación, entre muchos vecinos, de que “esto nunca va a cambiar”. Pero ahora, un nuevo bloque de viviendas empieza a dar otra impresión: que la zona, antes tachada de “peligrosa” y completamente estigmatizada, puede mirar al futuro con esperanza. Y aunque todavía queda mucho por mejorar, este proyecto representa un halo de renovación y nuevas oportunidades que afectan de lleno a todo el barrio.
Un nuevo edificio residencial en el barrio Oliver que sirve de nexo de unión entre dos partes: la «olvidada» y la tradicionalmente «atractiva» para vivir
El nuevo bloque de viviendas, promovido por Gestión Común, consta de 62 viviendas en su primera fase con opciones de hasta 2, 3 y 4 dormitorios. La venta de pisos ha sido lenta, pero continua, completándose prácticamente la primera fase. Tras el éxito de la promoción, la promotora ha decidido lanzar una segunda fase que, ocupará todos los terrenos del antiguo campo de fútbol, en segunda fase, llegando al centro de salud del barrio.
Este residencial, llamado MO, ofrece amplias terrazas, zonas comunes que incluyen piscina, espacios verdes, pista de pádel y áreas de juego, pensadas para fomentar la vida en comunidad. Los precios rondan los 320.000 euros.
La construcción avanza con rapidez en la parte que da hacia La Camisera y la calle Jerónimo Cáncer, en un punto donde se promovieron desde Movilidad diversas mejoras en las calzadas con la construcción de una rotonda que permite activar giros antes prohibidos, reducir la velocidad de los vehículos y, además, potencia la seguridad. Además, próximamente, este entorno mejorará con la ampliación de aceras, más anchura en la calzada y con nueva iluminación tras una inversión por parte del consistorio de 887.000 euros.
Con la futura llegada de nuevos habitantes se generará mayor movimiento en comercios y pequeños negocios del barrio, se reavivarán calles que antes estaban vacías y se promueve una zona que se había quedado en un limbo o vacío urbanístico entre las nuevas promociones de Lagos de Coronas y la zona consolidada de Oliver.
La mayoría de vecinos están contentos con el desarrollo de esta zona y lo ven como una oportunidad. «Ya era hora», dicen muchos de ellos, aunque la mayoría creen que el precio de los pisos no facilita la emancipación de los jóvenes del barrio. «Con esos precios dudo mucho que gente que vive ahora en el barrio pueda comprarlos. Tendrá que venir gente de otras zonas, algo que también es positivo», dice Conchita, a las puertas del centro de salud, y vecina del barrio desde hace 65 años.
El bloque vendrá acompañado de un nuevo parque de 17.000 metros cuadrados, que servirá como límite entre Oliver y su expansión hacia la Ronda Ibón de Plan y Miralbueno. Sin embargo, la atención de muchos sigue centrada en el antiguo “poblado” de La Camisera, donde viviendas abandonadas, solares y aceras estrechas continúan siendo un desafío para los pocos vecinos que permanecen en esta zona singular del barrio, donde el tiempo parece haberse detenido.