La sucesión de borrascas que afectan a la península Ibérica dispara la posibilidad de que se produzcan riadas en el Ebro: la cobertura de nieve es «muy elevada» y los embalses incrementan sus reservas rápidamente

Mucho se está hablando estos días de la situación meteorológica en la península Ibérica. Continuas borrascas de alto impacto (con su nombre asociado) están penetrando desde el Atlántico, lo que convierte a este invierno en uno de los más húmedos desde que se tienen registros en España. Las precipitaciones han sido persistentes, generalizadas y, en algunos episodios, de intensidad notable, provocando una acumulación de agua poco habitual para estas fechas.
En Aragón, aunque no hemos tenido grandes nevadas en cotas bajas como sí se han registrado en otros puntos de España, también estamos viviendo unos días con muchas lluvias e inestabilidad que afectan, sobre todo, a áreas de montaña del Pirineo.
En la ciudad de Zaragoza llevamos ya 40 litros por metro cuadrado recogidos en lo que llevamos de año, con la expectativa de que la cifra sea superior a cierre de mes. Se trata de una cantidad de precipitación muy modesta si la comparamos con los 300 litros caídos en algunos puntos del Pirineo oscense. Que llueva y nieve es una buena noticia, pero tanto en poco espacio de tiempo, puede ser sinónimo de problemas.
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La otra cara de la nieve: del recurso hídrico al riesgo de inundaciones en la Cuenca del Ebro
El principal foco de atención se encuentra precisamente en la enorme cantidad de nieve acumulada en las montañas. En algunos enclaves del Pirineo se alcanzan espesores cercanos a los 300 centímetros, y las previsiones apuntan a que esta cifra podría seguir aumentando en los próximos días. Esta acumulación nival tiene una doble lectura. Por un lado, supone una garantía de cara al verano, ya que el deshielo alimentará ríos y embalses, contribuyendo a asegurar las reservas de agua en un contexto de sequías recurrentes. Por otro, entraña un riesgo importante si el espesor continúa creciendo y el deshielo se produce de forma rápida, coincidiendo además con embalses ya muy llenos.
¿En qué se traduce el riesgo anterior? Principalmente, en la posibilidad de crecidas importantes y fuertes riadas de los afluentes del Ebro. El agua va a parar al mar y, antes, «baja» por el Ebro antes de llegar a Mequinenza. La Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) actualiza semanalmente los partes de nieve y estima que, en estos momentos, hay 1628 hectómetros cúbicos equivalentes de agua en las montañas de la cuenca. En el Pirineo de Huesca se concentra el 65 % del total, unos 1000 hectómetros, por lo que se está rozando el récord de nieve acumulada de este siglo.
A esta situación se suman, de forma trágica, las noticias de aludes que han causado la muerte de siete personas, lo que indica que la cobertura de nieve es «muy elevada», y lo que da una idea de la gran cantidad de manto blanco que existe en estos momentos en las montañas y del riesgo futuro que puede suponer para la gestión hidrológica de la Cuenca del Ebro, de ahí que estos días se esté nombrando por parte de algunos expertos el término «colapso hídrico«.
Según datos de la AEMET, la mayor parte del país se encuentra en estos momentos con el suelo saturado de agua. Esto provoca que la mayor parte de la lluvia que caiga no pueda ser absorbida por el terreno y busque la salida en cauces, hacia el mar o, en su defecto, hacia los embalses. En el conjunto de España, las reservas de agua de los embalses alcanzan el 67 % de la capacidad total tras remontar en ocho puntos en apenas una semana, una cifra jamás vista desde que se recogen datos. En el Ebro estamos, ligeramente, por encima de la media nacional: los embalses de la CHE rozan el 69 % de capacidad. La subida ha sido en los últimos días de cinco puntos.
Todo ello dibuja un escenario complejo, en el que la abundancia de agua, tradicionalmente una buena noticia, obliga a extremar la vigilancia y la planificación. La clave en las próximas semanas será la gestión del deshielo y la capacidad de regulación de los embalses para minimizar riesgos, evitando inundaciones y garantizando al mismo tiempo el aprovechamiento de un recurso que será esencial en los meses más secos.