Los cierres se producen en el mismo eje de la ciudad, el de salida desde Los Enlaces hacia el corredor de la A-2 y PlaZa, la antigua carretera de Madrid
La falta de relevo generacional ante jubilaciones o traspasos de negocios está haciendo mella en la economía. Con la mejora de la tasa de desempleo, muchas personas han cambiado de sector profesional o, por ejemplo, no se plantea emprender. Y menos, en los negocios más sacrificados, como la hostelería.
No es de extrañar entonces que se produzcan cierres de establecimientos que llevan años abiertos a lo largo y ancho de la ciudad de Zaragoza, aunque no es un problema local, sino nacional. Unas clausuras que afectan ya a bares y restaurantes, negocios nacionales que tradicionalmente han sido rentables y en los que siempre no ha faltado mano de obra. Hasta ahora, donde se observa que cada vez quedan menos negocios familiares abiertos, a favor de grandes cadenas o franquicias, y, a su vez, menos personas están dispuestas a trabajar en ellos.
Todo este “cóctel” se resume estos días en la capital aragonesa en dos míticos bares que se han despedido de su clientela fiel. Lo han hecho en un punto que ha perdido parte de su trasiego y en un mismo eje, el que comunica Los Enlaces y la A-2.
Así, han bajado la persiana definitivamente dos de los bares de referencia para miles de ciudadanos del oeste de Zaragoza, el “Pato Rojo”, mientras que el bar Lisboa ha hecho lo propio.
Los dos cierres se producen tras la marcha de muchas industrias y la regeneración que está viviendo la zona
Tanto Lisboa como “Pato Rojo” se sitúan en una avenida que ha vivido un gran cambio, como es la de Manuel Rodríguez Ayuso, que se queda sin bares. La reforma, pero la pérdida de industria y grandes polos de atracción (como el sanitario, ya que aquí se situaba el Centro Médico de Especialidades Inocencio Jiménez) han hecho “pupa” a estos negocios que no van a continuar tras las jubilaciones de sus dueños.
Además, la zona se ha convertido en residencial dejando, poco a poco, su pasado industrial, lo que afecta también, puesto que son negocios que se nutren de trabajadores en descansos y jornadas partidas.
El Pato Rojo “celebró” el día de Nochevieja su último momento más especial, de “despedida”, puesto que su dueño se reunió con sus clientes más asiduos en un vermut especial.
“Queridos amigos y clientes. Llegó el momento de decir adiós. Un abrazo muy fuerte y hasta siempre”, publicaba el popular restaurante en redes sociales antes de su cierre, que ha dejado un gran vacío en el entorno del Anillo Verde, en el Oeste de la capital aragonesa.
Pepe, su dueño, ha asegurado que ya no tenía sentido continuar y que apuesta por jubilarse. Habla de un entorno que dejado atrás su pasado industrial para ser viviendas, que ha cambiado por completo la zona, y de licencias de reforma que ya no se conceden. “Ya no tiene sentido plantear nuevas mejoras en el bar. Toda esta zona va a cambiar y hay previsión para que esto ocurra, por lo que no se están otorgando licencias de reforma”, dice, ante los rumores de derribo en el barrio de Valdefierro de la manzana que ocupaba Casa y Confort, donde se sitúa el establecimiento, para acoger decenas de viviendas.
Por su parte, el mismo día también bajó definitivamente la persiana del local el bar Lisboa, en la calle Mosén José Bosqued, frente a la calle Alejandro Oliván. Junto al establecimiento de hostelería, en el barrio Oliver, se sitúa todavía el edificio que dio vida al CME Especialidades Inocencio Jiménez, ahora completamente abandonado.
«De siempre el Lisboa, junto a otros como el Cinco Villas o el bar Juan han sido una auténtica referencia para los vecinos de esta parte del barrio como de los visitantes que iban a las consultas médicas«, dice una vecina, sorprendida por el cierre del mítico bar, que destacaba por sus pinchos de tortilla.
Aunque el bar Lisboa no se sitúa exactamente en la avenida Manuel Rodríguez Ayuso, este negocio de hostelería quedaba a apenas tres locales de la citada vía, siendo el más cercano a una zona que ha ido perdiendo decenas de negocios en el entorno. Y no solo los comerciales, sino las industrias como la Pegaso, la Seat de Los Enlaces o los EREs que han reducido músculo en Teka.
